martes, 22 de junio de 2010

XXIII

El constante cuestionamiento
la insondable pregunta,
y una respuesta pausada
que vibra aquí
lenta, mordaz, zalamera.
Un querer decir algo,
que se sella en la garganta:
que asfixia y quema;
un algo que se niega a ser
pero sin saberlo.
Qué será eso que no me deja,
esto que dentro se me encaja
que regurgito, que hipo
esto que se escapa inadvertidamente
pero que no termina nunca
por salir…
que me tiene aquí, hosco,
huraño de mi mismo,
quejumbroso de tanto dolerme,
qué será este silencio,
esta respiración agitadamente
acompasada que me turba,
qué será este espasmo
esta cólera insaciable,
perra entre sus dientes
mis huesos.
Qué podrá ser sino
la interminable
ausencia de tu presencia.

domingo, 13 de junio de 2010

Anima y Animus



“El día de ayer se ha ido y el que tú fuiste ayer.
No trates de levantar del polvo ese amor, porque sólo levantarás girones y sombras.
Enséñale a tu corazón a caminar de nuevo, como a un niño de meses”.
Jaime Sabines
Enséñame pues a caminar, que andar a rastras igual que bestia, entre las sombras del ayer, sólo trae hartazgo y displicencia, hoy, hoy los amorosos callan y piensan; piensan en lo que callan, callan lo que piensan. Yo sólo me cuestiono: los acertijos del humo y las matemáticas del dos y tres… en la lucha de Anima y Animus quién ganará, más aun, ¿debería importarme eso? Tal vez si, quizá no, aunque pensándolo bien, lo único verdaderamente importante es lo que pueda sentir, lo que estoy haciendo, sin quedarme con las ganas, sin dar paso al arrepentimiento ni asomo a la culpa, simplemente apostar para ver qué pasará.

Mientras resulta, me aprovecho de la sonrisa desenfada que se escapa entre frases aventuradas que dicen más de lo que aparentan, frases anzuelos en que caigo inadvertidamente, que me frustran y divierten, anzuelos que me resultan como exámenes para los que no hay respuesta correcta, pero acaso ¿existe algo como eso?, en ocasiones pienso que no, otras lo dudo e intento llegar a la verdad, pero a medio camino me detengo para reírme por lo bajo, de mí mismo, por el pequeño acto de ingenuidad que se me escapa en la intención; me aprovecho también los besos nerviosos en los que me siento como vulnerable, como controlado; disfruto de las caricias, los toqueteos que para mi sorpresa, me sonrojan –es cómico, después de todo, un asomo de pena – igual que esos susurro entre eróticos y cínicos que sacian la voracidad de mi oreja curiosa por descubrirle; aprovecho también para colmar la vista, pues me gusta lo que observo, esos interminables lunares en el cuello, en el pecho aquí y allá como huellas, como los rastros de Hansel y Gretel, que me llevan a mirar más abajo cada vez, rastros como invitación al placer, pero no sólo me aprovecho mansamente, sería absurdo, paso entonces del disfrute de la contemplación al disfrute de la acción, y mis labios recorren el cuello, mis manos acarician el dorso debajo de tu ropa y el negro de tu cabello, y mi nariz desesperada se satisface de tu perfume y hurgo una y otra vez hasta cansarme, pero sin estar satisfecho aun, porque la incógnita aumenta el interés, el placer, la agonía de quererte retener sabiendo cerca la separación necesaria, pues la abstinencia tan sólo aumenta el deseo.

De las confesiones prematuras, no tengo mucho que decir: otro azuelo quizá o un movimiento de autentica sinceridad o tal vez nada más que una advertencia. La exclusividad de mis relaciones se ha caducado, la fidelidad rendida como espejismo distorsionado de lo real, de la fantasía, de la creencia y la suspicacia, tal vez sea un buen momento para soltar amarras, abolir atavíos innecesarios e ir más allá en el horizonte y descubrirme pleno, en contacto que es lo que importa, aunque la duda, la competencia por el afecto, el saber quién es el primero, quién el segundo, me hostiga, me envenena. Pero intento hacerme de la vista gorda, pasar de largo entre los laberintos de Asterion para llegar entero a la salida, donde quizá pueda encontrar algo así como la plenitud, algo así como el disfrute, sin saber de pasados, de futuros, de presentes fatídicos y enmarañados, para centrarme sólo en esa imagen que me incita a ir a más.

Pero es muy temprano para aseverar realidades que pueden ser sólo ensoñaciones, hay que aprender a caminar de nuevo, sin sombras, sin miedos. Animus y Animus y un Anima en un lugar fuera del nosotros pero cerca de ti. Yo Animus tú por igual y Anima no me importa en realidad Animus y Animus y un Anima en un lugar fuera del nosotros pero cerca de ti. Yo Animus tú por igual y Anima no me importa en realidad

sábado, 12 de junio de 2010

Cuestionamientos


Vuelo a las preguntas, pareciera que nunca se acaban, por el contrario, cada día aumentan y se vuelve más difícil poder resolverlas ¿Es necesario tener a alguien? me escribe un amigo de pronto, quería contestarle pero mis dedos simplemente se quedaron temblando frente al teclado; me pregunto lo mismo, fue lo primero que pensé, es necesario el contacto, fue lo único que atine a responder.

Las palabras se me volvieron un enjambre rabioso en la cabeza, contestar es pregunta se volvió apremiante, quería encontrar una repuesta, mi respuesta… claro que era necesario, claro que es necesario, en este momento, en el que extrañamente vuelve a despertarse la obsesión… ese fantasma que me invade, que se confunde en los rostros, en los cuerpos, que se torna en pensamientos y sensaciones que me confunden, que despiertan la duda y me hunden en el desasosiego.

Pero trato de controlarlo, incluso he llegado a ignorarlo, en ocasiones sólo me rio y me repito que estoy como drogado, victima del juego de las ilusiones, y me vuelvo a reír de mí mismo, para ya no pensar más en ello; así continuo, regalando besos, aceptando caricias medias vacías de afectos inservibles a la situación, escudriñando entre miradas, intercambiando historias llenas de aburridos lugares comunes, el cliché de una escena y una libreto que no cambia…

¿Cómo te llamas? ¿Cuantos años tienes? ¿A que te dedicas? ¿Qué te gusta? ¿Con quién vives? ¿Qué me cuentas? Todo en una atmosfera de fingida intimidad, de una aparente sinceridad que huele a mentira… El nombre es acertijo, el tiempo un engaño, lo demás son trivialidades. Me llamo Ignatius, tengo 23 años, me dedico a recoger la basura de los demás, me gusta el café y el cigarro, vivo con los míos –con quién más si no – y aunque suene extraño a veces no se que decir.

Mil preguntas, una sólo repuesta, necesito de…

Ese que su espacio lo ocupan estos tres puntos en pausa, en los que debería haber un nombre, o es que ¿acaso lo hay y no tengo el valor para escribirlo?

lunes, 12 de abril de 2010

Día Negro


¿Debo pensarte? La pregunta aparece una y otra vez sin dejar de molestarme, como una cosquilla, como una comezón insatisfecha; de esas que entre más intentas apaciguar se vuelve más molesta. Pero el dilema se resuelve facialmente, pues al intentar encontrar una repuesta justificable, te pienso inadvertidamente, estoy recordándote no como fuiste, sino en lo que te convertiste luego de tu definitiva partida, esa de la que ya nunca volverás sino en el pensamiento, en el recuerdo, esa emoción apretando por dentro, de la que habla la canción.

Quién lo imaginaría, hace un año este día comenzó con el tedio de la costumbre y un hartazgo que me tenia hecho girones, luego una de esas llamadas tuyas que fueron siempre como un huracán vino a plantearme la posibilidad de verte luego de muchos reveses, pero tu y yo supimos desde el inicio que esa vez no seria simplemente una charla como en otras ocasiones, no, las ansias nos consumían, me consumían desde tiempo atrás: era yo el puerto en el que sabias siempre podrías anclar sin importar nada, y así fue –aunque ahora a veces, me pregunto si seguiría siendo igual – nuestros cuerpos al fin se reencontraron, saldando para siempre ya, la cuenta pendiente que luego resulto perdida; desde entonces lo supe, lo supuse, lo imagine… pero nunca considere que sería también la última vez que te vería.

Si he de ser justo, tengo que decir entonces, que aquella noche no fue la mejor que pase a tu lado, tuvimos mejores momentos; pero esa noche te abrace hasta quedar mis brazos entumidos, te abrace por el tiempo que nos debíamos y por el tiempo que tenga que durar tu ausencia, este tiempo que me cae a cuenta gotas y con el que estoy decidiendo que hacer… tú, simplemente dejaste que mis brazos se aferraran a ti, que mis manos recorrieran una y otra vez tu cuerpo desnudo, contemplando en la penumbra la fragilidad que sólo me he permitido contigo.

¿También lo sabias?, he pensado que eso sería darte mucho crédito, tu ingenuidad sólo podría compararse con tu orgullo, pero tengo claro que en más de una ocasión te subestime, olvidando que ese quizá fue siempre el más grande de mis errores. Esta noche también pasa lenta, la hora desesperada del desvelo me sorprende confesándome frente a la pantalla, aquél día me sorprendió con tus palabras, tu voz rompiendo el silencio, asegurando que te quería, dejando entre ver la posibilidad de un estar juntos, posibilidad nunca satisfecha en este mundo, imposibilidad de los cuerpos, ambivalencia entre la vida y la muerte, ¿Cual vida, cual muerte?, la tuya, la mía… no lo sé, lo seguro es que sin estarlo seguimos estando juntos.

Te pienso, claro que lo hago, esta noche más que nunca, porque ese día se tiño de negro, este día seguirá siempre negro, porque ese es el color que mejor no viene, porque el negro es el color de la muerte que vino a llevarte de la mano, de la muerte que me acaricia el rostro tiernamente mientras espera el momento justo de invitarme a andar por ese camino que sin conocer empezaste a andar a tientas, inconsciente, desesperado, de prisa, como siempre hiciste todo, en cambio yo, he de analizarlo, pensarlo, sufrirlo, porque esa es mi parte, eso es lo que hago y lo que hice siempre contigo.

La cosquilla ha pasado, la comezón se ha saciado. Hoy es el día negro y en mi ventana llueve.

lunes, 25 de enero de 2010

Resaca

Luego del desvelo y desenfreno de la madrugada, por la tarde después de dormir la borrachera, cuando mi lengua es seca y mi cuerpo pide agua desesperadamente, me miro en el espejo y estoy desencajado, mortecino aspecto desaliñado. Luego de todo eso, viene el recuento de los daños. Mucho baile, varias cervezas, ahora intento recordar los nombres, los rostros los tengo presentes, algunos besos, una que otra caricia, quizá algo más que eso, pero ningún dejo de arrepentimiento.

La resaca pasa lenta, el cuerpo se reciente consigo mismo, se sabe vapuleado, pero satisfecho, la dermis reacciono sorprendida al contacto, la mente permanece tranquila, sin dejarse llevar por zalameras lenguas y falsas promesas de llamadas que nunca llegarán. La noche pernotada termino cuando sorprendido por los primeros rayos del sol abandone aquel lugar del bajo mundo, de esos de los que todos reniegan pero donde siempre terminan, por gusto o casualidad inducida, todos los que celebramos los baquimos sin olvidar el respectivo culto a Príapo en la osadía.

sábado, 23 de enero de 2010

Rumba


Sábado desentendido de marañas mentales y preocupaciones desmedidas. La noche se aproxima lentamente como cualquiera otra, pero aunque el colchón sea el mismo, los sueños son diferentes; pero hoy mis sábanas me extrañarán, pasare la noche fuera, en medio de marabunta desenfrenada por estridente música sicalíptica, hedonismo etílico desbordado y el éxtasis insaciable de los cuerpos desorbitados.

Puede que halla caricias, que pruebe más de un sabor de labios desconocidos que ni siquiera lleguen a pronunciar mi nombre, o incluso que mi piel reaccione una y otra vez al rose de otro cuerpo que inconsciente me haga sentir fuera de mi mismo, que mi ojos se hundan con desasosiego en un impúdico dorso exhibicionista que como muchos, andará desarmado de vergüenza inútil. Puede que gire mientras bailo, como las volutas de mi cigarro y como ellas también hacienda al frenesí del sin sentido.

Sí puede que todo eso pase, ya lo creo, porque hoy saldré de rumba por la noche.

miércoles, 20 de enero de 2010

¿23? Felicitaciones de mí para mí.

Escribir qué significa cumplir 23 años, seria plantearme una serie de cuestionamientos – muchos innecesarios – cuyas respuestas serian por demás aburridas y enredadas, lo cual sin duda seria una total perdida de tiempo y un completo absurdo del que luego me arrepentiría, sobretodo cuando ya ha sido bastante de ese estilo fastidioso y fatídico que lo único que logra es hacerme ver aun más patético de lo que realmente soy. Sin embargo tampoco podría dejar de lado el hecho de haber cumplido un año más de vida, sobretodo ahora que este hecho empieza a tener un significado totalmente diferente, dejando de ser sólo un pretexto de celebración más para convertirse en todo un privilegio, una hazaña incluso. Por ello intentare dejar de lado un poco los razonamientos intelectualizados y me concentrare más en el disfrute, que es al final el fin de estas líneas, constatar que este día es importante por el hecho de que un día como hoy hace justo 23 años, resulta que por primera vez vi el mundo.

Este mundo que ahora veo con ojos distintos, sin tanta inocencia, con más dificultad para la sorpresa, pero satisfecho por algunas de las cosas que a lo largo de esta experiencia en la que más que espectador me he empeñado siempre en actuar, no de forma premeditada, pero siempre con la convicción de que incluso a pesar de lo equívocos y los tiempos aciagos, siempre he tenido la oportunidad de decidir lo que quiero. Claro que lo que soy ahora, forma parte de una sumatoria de hechos y la entrada y salida de muchas personas en mi camino. Sea como sea, el resultado sigue siendo el mismo, yo aquí de nuevo frente a la pantalla, intentando explicar que soy a los 23 años.

Sigo fumando, mientras escribo líneas ociosas parcas de talento, escuchando música cada vez más extraña mientras miro por la ventana y me doy cuenta que ya es de noche otra vez. Mi barba se ha vuelto más tupida, cada día me descubro con menos cabello, tomo más café cada día, y ahora hasta puedo leer más de doscientas páginas por día. Sigo sin trabajar, soltero y sin algún pretendiente en puerta. Continuo frecuentando a la misma gente desde hace ocho años, lloro con las mismas películas de siempre y aun viajo en el último vagón del metro: descubriendo miradas lascivas, de ves en cuando huyendo a manos extrañas; aun me gustan las caricaturas y usando varios collares y pulseras al mismo tiempo. Mi talla sigue siendo 28, sigo conservando cosas inútiles y mi closet cada día esta más destartalado.

En realidad ¿algo ha cambiado? No puedo decir que no, porque seria una mentira, pero es que a pesar de todo sigo siendo el mismo, puede que ya no me deje engañar fácilmente por las impresiones bien intencionadas de personajes que llegan con la promesa de un amor desmedido, ni me enamore con la misma facilidad de antes, quizá ahora más que nunca tenga clara la diferencia y la importancia del sexo ocasional y hacer el amor;ahora valoro más las amistades y la importancia de mi familia que a pesar de las peleas del domingo por la tarde siempre después de los gritos me devuelve una sonrisa desenfadada que pone punto final a todas las rencillas.

Creo que también puedo decir que ahora ya no busco desesperadamente la compañía de un alguien, ahora incluso disfruto de ese hueco en mi colchón que es la imagen más representativa de mi disfrutada soledad, aunque el no buscarlo no quiere decir que no lo espere, porque el deseo sigue aun ahí instalado, pero paciente, aguardando el momento del encuentro. También me he descubierto sin el temor a los te quiero, más cariñoso y sentimental. He vencido mi fobia a los perros y no podría concebir la vida sin mi amada Daisy, french poll escandalosa, pero inmensamente cariñosa.

Se que muchas cosas han cambiado, pero a pesar de ello, me siento igual sin serlo, irónica paradoja, cierto, pero el descubrirme hoy por la mañana de 23 años, no es cambio nada, el cambio lo hice yo en el día día, y así seguirá siendo sin importar sin son 23, 24, 25, 30, 40, 50, no importa, tendré más arrugas y malestares físicos solamente, pero no acaso todo lo que sirve termina un día por descomponerse, algunos antes, otros después, no importa, el resultado al final es el mismo, un saco de carne arrugada, que por el momento no me preocupa.

Así que hoy 23, en el mañana muchos más…




Felicitaciones de mí, por mí, para mí.

Amén.