viernes, 31 de mayo de 2013

VOZ

 

Paul Cadmus _Hace tiempo que he dejado de escribir, lo cierto es que el retorno al análisis ha sido todo un reto, sesión tras sesión ha sido una confrontación conmigo mismo a partir del otro, “Porque hablas de ti, hablando de los otros” –dijo la esfinge - surge la máxima que dicta que nuestra imagen - el yo - surge en el encuentro con el Otro.

Pero el retorno al análisis no fue sólo un regresar a las peroratas del lenguaje a las que esta sujeto el inconsciente, esa voz que habla sin hablar, la voz que se nos escapa sin darnos cuenta, esa que el analista atrapa en su escucha para devolverla en forma de interpretación - más de una insoportablemente cargada de una verdad hasta entonces desconocida – fue un retorno que me ha obligado a redescubrirme como no soy, como no quiero serlo, como nunca seré, para descubrirme al fin como soy, en la falta, vista desde la ausencia, pero también desde la transgresión, porque es la falta lo que empuja al deseo frente al goce.

¿Pero qué estoy escribiendo? Bien sé que esto que se escapa es parte del mismo lenguaje, el Edén del neurótico es la culpa, la culpa de ser deseante, la culpa del límite y de la satisfacción, porque dicen aquellos que escriben, los que saben que el deseo esta indisolublemente condenado a la insatisfacción.

¿Qué sentido tiene todo esto entonces? ¿Será qué todo esto es un espiral del que la salida es imposible? ¿Qué hay más allá del lenguaje? Me parece un cuestionamiento justo, aunque para expresarlo mejor, ahí donde se lee justo, debiera decir ético. Puedo contestarlo de dos formas, ambas cargadas de la complejidad del sinsentido que tiene sentido en tanto nos atraviesa, mejor dicho, me atraviesa, pues he aquí que estas son las palabras que decido enunciar.

Primeramente es sentido de la responsabilidad sobre el goce, goce del yo, goce del otro, goce del Otro; es romper con la cadena de significantes, hacer un corte ahí en medio de ese lenguaje por medio mismo del lenguaje, es llegar a la sorpresa de la nada luego de descubrir fantasmas, porque es en la nada y el vacío que el inconsciente descubre sus amarras.

Vuelta sobre mí mismo, sobre el lenguaje, la segunda forma que tengo de enunciarlo. El discurso de los otros en mi, del que me apropie sin darme cuenta, ese que se ha repetido como la voz de Eco en el llamado a Narciso hasta quedarse sin voz, porque en sus palabras me sentencie a mi mismo, porque en esas frases que luego recrearía por mi cuenta fue que me descubrí y al hacerlo me creé. Es el eterno retorno del que ya me había percatado, significante ahora lleno de significado, que busca la resignificación. Es la transición de aquel lejano “uno más que muerde el polvo” al Ignatius que ahora soy, no sin ataduras, porque la sentencia queda inscrita en la manera en la que lo nombro, porque tuve que llevarlo al extremo hasta quedarme sin voz, y aprender desde el silencio un nuevo lenguaje, un lenguaje que sigo construyendo con la ayuda del otro.

Y no, ya se que esto no es psicoanálisis, porque todo lo que se enuncia de sí mismo fuera del contexto de la experiencia del análisis es vano, pero lo hago como ejercicio como resultado, es un análisis que le debía a este espacio - y a mi mismo - como consecuencia de la elaboración, espacio que ha sido testigo pues es aquí dónde puedo reconocer las dos voces, la que me llevo hasta el silencio de la nada y aquella que poco a poco se va abriendo paso, la misma voz transformada, este lenguaje que con sus respectivas faltas ha inscrito en la realidad una parte de lo simbólico, de lo imaginario, de lo real que me conforma, que me confronta y constituye, porque seguiré siendo un ser parlante, que ahora intentará también andar en el camino de la escucha, de otros que hablan.

He aquí el resultado, en estas líneas que sin sentido tienen sentido, significantes, porque son palabras de Amor, de Odio, palabras de Pasión, de Dramas y Comedias, palabras de Goce e Insatisfacción, palabras del desencuentro y del Encuentro con el otro, con el Otro, son mis palabras de Deseo en mi condición de ser deseante, posición a la que no deseo renunciar, porque desde la nada fue que empecé a construir y deseo seguir haciéndolo, deseo construir una vida en el encuentro con el otro, con el Otro, con él, construir una vida para mi.

viernes, 22 de marzo de 2013

Juntos


11:11 pide un deseo: estar contigo, juntos. 11 meses oficiales más de un año construyendo, compartiendo, hasta que sin darnos cuenta llegamos a este punto dónde estamos juntos todos los días, viviendo juntos. Verte despertar cada mañana cuando las impertinentes hadas del bosque en cacofonía con la canción en turno (magia, la mano en el fuego –no resulta) anuncian que el día esta por empezar, que se hace tarde, beso antes de irte, yo puedo quedarme un rato más acostado en la cama, en la que de noche volveremos a encontrarnos.
Darle de comer a la hija que nos resulto nerviosa, darle cariño cuando se afana en llamar nuestra atención – sácala;  no, hace frio –, que ya me reconoce desde lejos cuando vengo caminando por la calle antes de abrir la puerta y llegar a casa, entonces me baila, me hace fiesta, la acarició y le pregunto ¿cómo estas? mientras no deja de moverme la cola.
Encontrarte  tendido sobre la cama entregado al ocio, darte un beso y preguntar ¿qué tal tu día? ó esperarte mientras me invento algo que hacer, que me asustes de pronto cuando sigilosamente me llegas por la espalda mientras estoy leyendo y me dices que soy un ñoño, compartirte mis días que me compartas los tuyos, los momentos de enojo, las crisis, las risas, los días buenos y también los malos, en fin… construir una vida.
Logro desbloqueado. “Vicisitudes domesticas”: la limpieza, tender la cama, dónde va la ropa, dónde los zapatos, que me diste una caja para mis colguijes, hacer las compras, que el foco se volvió a fundir, que olvide apagar la luz, que ¿cómo se prende el boiler?, ¿cual es el apagador de la cocina?, que el refresco que compre esta congelado, que la ropa sucia se lava en casa. Conclusión, otra forma de construir.
Otro logro desbloqueado. “Ritos familiares”: fotos con los suegros,  dinámica familiar manifiesta, pregunta directa  ¿tú qué opinas?, sugerencia directa “pellízcalo”,  relatos infantiles vergonzosos - que te jalabas el pelo, que me fui de pinta a Chapultepec -   saludo al regresar para no ser como un fantasma, que te manda saludos mi madre. Conclusión, ser parte de.
Logro en proceso de desbloqueo. “Los equipados”: x box con kinet para frustrarnos porque Lara otra vez murió, ventilador perchero que calmaría el calor –sorpresa, regreso el frio –, plancha de oferta con pocos hoyos para el vapor que vencerá las arrugas de las camisas,  diez sillas, un escritorio, una recepción, dos persianas, dos litros de pintura color chilacayote, que nos hace falta conseguir una pantalla con entrada HDMI, un librero, una mesa, y muchas otras cosas por comparar. Conclusión, seguir construyendo.
Máximo logro desbloqueado: “Vivir juntos”: con todas su letras, construir un espacio, compartirlo,  que deje de ser sólo tuyo o sólo mío, para convertirse en nuestro espacio. Primera foto familiar movida: Tu, Yo y nuestra hija. Porque con  mucho o poco que tengamos, estos son nuestros logros, esto es lo que hemos construido, es esta mi familia, la familia que hemos construido juntos.
1:11 y estoy llorando, lloro por la felicidad de estar juntos los tres, les amo.


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jueves, 21 de febrero de 2013

Revelaciones

Para Abraham.

Callar porque sí, por miedo al miedo mismo, cerrarse sobre sí mismo y no encontrar salida en el aplastante abismo del silencio. La palabra cura, pero el lenguaje ha muerto sentencia Lacan, porque el transito de lo simbólico a lo real es a veces una alquimia imposible a la que se le escapan los significados.

Hoy no tengo palabras, se me escapan entre el bullicio de la sorpresa que causan las revelaciones, las propias, las ajenas que también son las  mías, porque la transferencia del análisis llego inadvertidamente ha remover lo dormido en el inconsciente, esa historia del pasado abriéndose paso al presente, haciendo temblar al futuro.

Víctima y victimario he sido de mi mismo, de la negación de lo pasado, la culpa del acto fallido del “querer saber todo lo tuyo, y a la vez un temor de al fin saberlo”, como un intento rudimentario –ahora me queda claro- para reconocer lo propio… acto logrado, que enfrentaré en el retorno al diván. 

Porque dicen que amar, que amar verdaderamente a alguien es creer que amándolo, se accede a la verdad sobre uno mismo, amamos pues a aquel quién esconde la respuesta… una respuesta a la pregunta ontológica del ¿Quién soy yo?.

Amar es aceptar la falta, ubicarla en el otro, entregarla, por ello amar es dar lo que no se tiene. Ya lo había reconocido, es el significado del andrógino; a través del mito reconocí la falta que me haces, la confesé a través de la verbalización y la escribí en este mismo espacio, y desde aquél primer día sin haberlo tenido claro  la vengo confesando a diario,  porque finamente para ser hace falta el otro, porque para ser, me haces falta tú, no desde lo ausencia insondable, sino reconociendo que eres tú el que conoce mi verdad, que eres tú quien me ayuda a encontrarla soportable, porque sin saber cómo exactamente, se que sabes quién soy yo.

Para darme cuenta de ello me hacías falta, por eso luego de muchos años y tiempos aciagos, no me resulta extraño que a tu llegada  me enfrentará  al fin con diván, en el afán de descubrir al inconsciente, para darle realidad a lo simbólico, para entender el imaginario, para conocerme a mi mismo, y aunque el primer intento resulto revelador, se quedo sólo en el intento, pero ya no quiero sólo intentarlo, hoy quiero ir más allá, y llegar a lo profundo del cuestionamiento.

La negación ha caducado, el racionalismo y la intelectualización han perdido su efectividad, ya no puedo simplemente cerrar los ojos a la realidad que se presentó en la historia de ese chico que vino a mi para descubrirse a sí mismo, sin sospechar que al hacerlo, me confrontaría conmigo mismo y mi rechazo a la formula del imperativo categórico que en mi afán de contradecir pareciera que he cumplido a pie de letra, pero tú sabes que soy más que eso, es la realidad que da respuesta a la pregunta, es la realidad que yo mismo no era capaz de ver, y que ahora quiero descubrir.

Esta es la revelación más profunda, la más autentica de todas, la más simple y al mismo tiempo la más compleja de la que soy capaz, porque va más allá de a retorica de las palabras y sus enredos, pues están llenas de significado, porque hablan de ti hablando de mi en ti, hablan de mi hablando de ti en mi,  hablan de nosotros y la complejidad de lo reciproco del amor.

Ya es hora, y la cita ya esta hecha.

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sábado, 19 de enero de 2013

Veintiséis

 

¿Cómo iniciar estas líneas? Debo admitir que no tengo una idea clara de cómo hacerlo, el día de hoy al despertar pensé mil ideas de lo que quería expresar, tenia conciencia del propósito que intentaba conseguir, pero al ceder a las resistencias, con el paso de las horas las ideas se fueron perdiendo entre las vicisitudes de la rutina, y ahora que al fin estoy frente al teclado, el cursor parpadeante me interroga sin cesar ¿Qué es lo que quieres contar?

Despertar al alba, siempre ha resultado a lo largo de mi historia de vida la oportuna  y enigmática invitación a desvelar y develar verdades, que se me antojan paradójicamente absurdas, es el murmullo del incesante inconsciente abriéndose paso a la conciencia luego de la reprimir la elaboración onírica, juego interpretativo de lo simbólico a lo real, del significado al significante, de lo insignificante a lo trascendental, juego de palabras complejo, pero más complejo aún, es resolver el acertijo sin perderse en el intento, pues para encontrar, indudablemente hay que reparar en lo perdido.

Vuelta sobre mi mismo, recapitulemos. Vengo arrastrando la tradición de escribir desde hace ya más de una década, al principio como un impulso, luego como ejercicio, praxis pretenciosa para alimentar el narcisismo de la intelectualización y un aire de falso refinamiento que al paso de los años cobraría más o menos sentido y forma; de los versos pase a los cuentos, navegando entre el estilo clásico, los versos libres, la construcción de personajes inverosímiles para aterrizar en el desenfado de algo que podría catalogar como un humor casi simplista sin llegar a serlo. Con influencias de los clásicos, el dandismo, la adoración a las aliteraciones y el culto al nocturno y a la muerte –pleonasmos- de los contemporáneos, atravesando entre la fantasía y la épica para aterrizar por fin en los acertijos del psicoanálisis. Llevo más de seis años escribiendo para quién sabe quién y sin saber del todo para qué. Así empezó la tradición, envestir de significado el significante de soplar velas en el pastel,  aunque a decir verdad, este sea sólo un lugar común, pues lo cierto es que en todo este tiempo no existió ni una sola vela a la cual soplarle, aunque me aferre al cliché de pedir deseos, a pesar de la negación de hacerlo.

Así el trascurrir de los años años ha deparado sorpresas a su paso, la locura de los veinte, el cambio a los veintiuno, la tragedia a la veintidós, el marasmo de los veintitrés, la ilusión de los veinticuatro, la plenitud de los veinticinco,  y a pocas horas de empezar a descubrir ¿qué deparan los veintiséis?

Muchos piensan que atravesar la media de la segunda década de la vida, depara una crisis existencial dónde la edad empieza a convertirse en una carga, pero en mi caso la carga siempre era precisamente lo contrario, siempre ser el más joven, tildado de inexperto e irreverente, irreverente sí y como pocos, inexperto jamás, porque a pesar de los pocos años que tenia a cuestas mi visión siempre estuvo fija en el futuro, acumular experiencias, vivir con la intensidad desmedida de las ansias del saber, del descubrir de siempre ir a por más todavía, hasta que comprendí que todas la cosas llegan siempre a su oportuno tiempo, cuando se esta listo para sobrellevarlas, para elaborarlas, y hacerle frente al sino que las caprichosas parcas tejen sin cesar para nosotros, que les vamos dando el hilo conductor para que con sus hábiles manos,  vayan entrelazando los caminos.

La sabiduría infinita de la vida es aplastante, la erudición se obnubila ante la certeza con la que los hechos ocurren sin a penas darnos cuenta, apegado a esta idea luego de veinticinco años y los caprichos de Fortuna, me sorprendí navegando entre las olas de la plenitud, alcanzando una cumbre que en otro tiempo sólo era dibujada por las líneas del deseo y la fantasía; yo el fatídico, yo el dramático, yo melancólico adorador de la muerte, el que le tendió la mano sin darse cuenta, el que entre versos y prosa se mantenía en la inmensidad de la oscuridad, sacrificando la fe, la esperanza y el amor, de pronto se descubrió cegado por la verdadera luz de la esperanza.

Y desde aquel momento no hecho más que seguir esa luz, dejarme llevar entre su resplandor que aviva el fuego ígneo de mi propia naturaleza, comprendiendo el valor de los detalles, manteniendo fijo el pensamiento desde el amanecer hasta la noche, queriendo construir un futuro en el que el deseo pueda florecer en la plenitud de la realidad, enterrando al fin a los espantos que surgen de la caja de Pandora, plantándome firmemente frente a la imagen que no parpadea  y enseñarle el poder curativo de la resignificación más que el de la resignación.

Y aunque luego del giro de Fortuna las cosas se tornan complejas y la vida parece llenarse de retos, tengo la seguridad de que sin importar lo que venga, podré enfrentarlo, siempre lo he hecho, soy Ignacio, soy Ignatius, soy Ig… uno más que muerde el polvo, el que cuando dice “voy es voy”  no puedo decir que sin temor, pero convencido de que es hacia adelante donde se encuentra el destino, porque aunque el pasado nos significa en más de un sentido, la promesa del encuentro con el futuro me emociona más que nunca, mi intención es ver cumplidos los deseos, los planes, empeñarme en seguir construyendo una vida, que puedo decir sin temor al equivoco, me gusta, porque deje de ser el paria, porque el dramatismo – a pesar de los momentos de crisis – ya no es la esencia de mi espíritu, hoy confió en el valor de la esperanza, hoy soy el andrógino que sobrevivió a la espera.

Bienvenidos veintiseises, adiós bienaventurados veinticinco, años del encuentro, porque con todo y el temor que aguarda, los retos venideros, los cambios anunciados y la terquedad del sabotaje, voy hacia el futuro, quiero ir hacia él y con Él, y todos los que me han acompañado hasta aquí. La era del ensayo y error se quedo en el pasado, empecé a construir, construir para el futuro, construir un futuro, uno que sin importar qué ni cómo he de alcanzar un día, porque todo lo vivido hasta ahora me ha preparado para ello.

 

atlas_turned, Edward Burne Jones

viernes, 4 de enero de 2013

El giro de Fortuna

 

tsarouxis 041Yiannis Tsarouchis, GreeceEscribo a destiempo, en medio de estas paredes, testigos de los momentos de desasosiego, tempestad y transcurrir de horas aburridas, esta oficina que ha escuchado más de un secreto e incluso a visto rodar algunas lagrimas en medio de la confrontación del contra el sí mismo de aquellos que buscan un consuelo para las dolencias que surgen del inconsciente. Escribo para no perder la costumbre del recuento, el vicio de analizar lo ocurrido durante los días que hoy ya forman parte del pasado, para dejar una huella concreta de lo vivido a lo largo del ciclo, para recordar que Fortuna en su incansable marcha de arriba abajo de abajo a arriba, intenta llevar sobre sí el peso de la vida misma.

El 2012 encontró su fin, fue desde su inicio el año de las especulaciones, lo que me hace recordar que he sobrevivido ya a dos finales del mundo, recuerdo que en la infancia todo se solía postergar al año 2000, recuerdo que aquella fecha también se anunciaba como el final de nuestros tiempos, pero a pesar de la sospecha sobrevivimos al milenio y desde entonces la profecía se enunciaba para el 2012, año en que los mayas de acuerdo a la creencia de algunos, aseguraban atestiguaríamos el fin del mundo, sin embargo la fecha prometida paso sin más, el 22 de diciembre desperté abrazado a él, ya sin las preocupaciones mundanas del trabajo y preparado para disfrutar del ocio de unas merecidas vacaciones.

Sin embargo hay quienes aseguraban que los mayas nunca hablaron del  fin del mundo, lo que profetizaban era el inicio de una nueva era, el inicio de un nuevo ciclo en la historia –aunque creo haber dicho ya en algún momento que la historia nos ha superado en más de una forma a todos aquellos que formamos parte de esta generación. Y si de historias hablamos, creo no equivocarme al asegurar que la profecía de los mayas tuvo hondo efecto en mi propia historia, el 2012 fue sin duda alguna un año que cambio por completo el rumbo de mi vida, esta historia que se viene escribiendo desde 1987 y que a fe mía nunca volverá a ser la misma, porque aunque cada año ha tenido su peculiar color en las paginas que forman mi libro, algunas más oscuras que otras, el 2012 quedará para siempre marcado como el año del encuentro.

¿Será que el rito de la uvas cumplió al fin su sortilegio? ¿Acaso la fe puesta en aquellos deseos tuvo a bien cambiar el orden de las acontecimientos? Lo cierto es que al inicio del año, pocas cosas tenían sentido, al punto de llevarme a un periodo de inactividad que casi me obliga a lanzarme por completo al vacío, pero finalmente me obligue a mí mismo a continuar sin saber exactamente el porqué, quién se hubiera imaginado que la repuesta llegaría a los pocos días cuando en medio de la tempestad me había entregado de lleno a la soledad, fue entonces que al fin lo encontré, era él, mi andrógino perdido, aunque de momento no supe definirlo, pero fue desde aquel primer encuentro que puede sentir el  llamado, pues apegado a la máxima que reza “somos piel”, fue la piel la que sin dudarlo reacciono a su presencia, con la seguridad de que algo más que el gusto se había despertado, era pues, el deseo hecho realidad.

Aunque al principio el temor fue por la senda equivocada de la sordera y con los ojos vendados, la ilusión fue creciendo hasta convertirse en curiosidad, fue entonces que pase del plano de la ideación al plano de la realidad, al plano de contacto y la construcción, atravesando por lo pasillos de la incertidumbre, la duda y la confesión, para llegar así al sendero del amor, a la comunión de la pareja y la plenitud de la felicidad.

Sin embargo para llegar ahí tuve también que arrojarme al mar del inconsciente, llegar por fin a la isla del análisis, la confrontación conmigo mismo, no en la imagen del autoanálisis de la palabras que escrito aquí, porque ahora comprendo también que aunque la palabra escrita puede ser también una terapéutica, no puede sustituir la bondad de la cura que se encuentra en la palabra, pase inadvertidamente del teclado al diván, para desenterrar los demonios del pasado que aunque silenciados seguían desde el silencio movilizando síntomas que poco a poco de han ido atenuando, comprendí la importancia de decir las cosas más que escribirlas, aprendí también que lo que en el silencio se esconde la complacencia, que confrontar el miedo es la única forma de vencerlo y que finalmente más que víctima he sido mi propio victimario, que en el afán de retenerlo todo, he perdido mucho pero que al final del día es el amor, el verdadero amor, lo que moviliza el deseo.

Hoy mi vida es más plena, estoy al lado del amor de mi vida, la luz de la esperanza con la que intento construir un futuro, una vida juntos, estoy con él, que me ha preguntado ¿porqué me amas? y aunque he intentado contestar de muchas formas esa pregunta se que te amo por los días compartidos, por la noches de desvelo, por tu sueño tranquilo y tu respiración entrecortada al dormir, te amo por la conversa, por tus argumentos, te amo por el temor y con el temor mismo que inspira el temor, te amo por la sinceridad de tus caricias, por la palabras del deseo en la hora del deseo, te amo por la simple que puede ser tu humor, te amo por tu risa y por la risa que me arrebatas sin siquiera proponértelo, por tu desorganización y  tu inteligencia, por tu impuntualidad y tus ganas de hacerme feliz, te amo por la felicidad que me produce amarte, te amo por los momentos en que nos ponemos serios al reconstruir, te amo por la música y por tus lentes, por los mensajes y las caritas que pones en ellos, por los buenos días y el humo, te amo por la preocupación que demuestras en el naranja en el amarillo y el rojo de cada cuatro meses, te amo porque me conoces hasta el espanto, te amo por el paralelismo que somos, casi rayando en el mimetismo pero sin llegar a tanto, porqué aun en la comunión somos singulares, te amo por compartir tus alegrías, tus triunfos y las ocasiones en las que el espanto se atreve a salir, te amo por el apoyo y por ser tu apoyo, te amo incluso en el equivoco y te amo aun más por ser quien eres y como eres, te amo simplemente porque quiero amarte, porque tu presencia, tu sola presencia me hace los días.

2012 fue el año del encuentro, encuentro conmigo mismo, encuentro del amor, la felicidad y la dicha, el año de encontrarte Abraham, de reencontrar mi camino, y aunque también hubo incertidumbre –la sigue habiendo en más de un sentido- puedo decir que fue el año en que mi vida encontró su cause y su causa, fue el año de la construcción, la reconstrucción y nuevos significados.

Ahora Fortuna gira otra vez sobre sí misma, el ciclo vuelve a comenzar y aunque el futuro trae por si mismo incertidumbre se que puedo seguir adelante, pero no solo seguir por seguir, sino con la convicción de saber a dónde quiero llegar y con quién quiero hacerlo. 2013 inicia no puedo decir que este preparado para todo lo que traiga consigo, pero se que a su lado, cualquier cosa será más sencilla, se también que mis amigos me acompañan que mi familia a pesar de los rescoldos que se volvieron llamaradas también me impulsa, pero se que casi a mis 26 hoy más que nunca quiero continuar, atreverme a recorrer este camino hasta el final.

jueves, 22 de noviembre de 2012

RECORDAR

 

No, el tiempo no es la medida para este amor, porque nunca será suficiente para estar a tu lado, pero es el tiempo a tu lado el más hermoso que he tenido, porque aunque me resulta paradójica la impresión de la medida, se que cada instante construido contigo ha dejado honda huella, indeleble en el recuerdo.

Pero la memoria es una laberinto insondable al  que el tiempo condena con la pena del olvido, y aunque se que nada de lo que acurra en el futuro, puede cegar la luz que has traído a mi vida –resplandeciente luz de la esperanza-  quiero detenerme un momento aquí, detenerme y hacer de esa honda huella en el recuerdo, algo tangible, prueba concreta de tu existencia y de este tiempo que hemos construido.

Y a falta de algo mejor que me ayude en el propósito de lograr dicha transmutación, baste entonces con estas líneas, porque escribir – a pesar de la carencia de talento, estilo, sintaxis y ortografía – es la única manera que tengo para arrancarle al olvido y los tiempos aciagos, si algún día se atreviese a importunar el uno o perturbar los otros, el recuerdo de este tiempo que paradójicamente, a tu lado, me resulta corto en la medida, pero infinito en la dicha de lo vivido.

Recordar el día de nuestro encuentro en que algo se agito en mis adentros, recordar el arrebato que se escapa en las palabras que he dicho, frases que sin mediación de defensas han escapado de mis labios con el único fin de ser sincero y reconocer que el más grande de mis deseos eres tú, pero no deseo imposible, sufrible y fantasioso, sino deseo anclado en la realidad de lo posible, con el esfuerzo de la elaboración, el descubrimiento y la construcción.

Para recordar cada uno de los Te amos, los Te adoro, recordar sin temor al equivoco, que eres el amor de mi vida, recordar entonces las canciones, recordar que: “no tienes remedio, no tienes remedio… porque eres el amor de mis amores”. Recordar que, todo lo que tengo es real, que absolutamente quiero compartir cada uno de mis días a tu lado sin importar si un día surge una pequeña edad de hielo; recordar que preferiría llevarte a Madrid en lugar de Paris, y no olvidar enviarte el mensaje de que llegue con bien a casa.

Recordar también los viajes compartidos, el aroma del bosque a nuestro alrededor y los abrazos, recordar esas calles empedradas, las fachadas coloniales y las largas caminatas en aquella ciudad donde las ranas siguen siendo un enigma, recordar  la preocupación de verte ahí, de pie tras la ventana del autobús que se ponía en marcha.

Recordar también nuestros paseos ociosos por por las calle de Madero y Avenida Juárez, las noches frías en que tu cuerpo era única fuente de calor en medio de esa  otra fuente llena de pináculos sobre un espejo de agua, en que tu reflejo es la imagen más hermosa que jamás halla visto.

Recordar tus manos entre las mías, las noches de desvelo en tu compañía, el viaje a las estrellas a través de tu cuerpo, ah tu cuerpo, prueba corpórea de la belleza de la que nunca me encuentro satisfecho, porque es la tentación misma del deseo. Recordar las vicisitudes de tu sueño, recordar que basta con tenerte entre mis brazos para viajar la isla del mis sueños, donde vos también habitas.

No olvidar aquel día en que de la propuesta más importante que haré en la vida, surgió de forma espontanea al punto del absurdo, pero no por ello, menos sincera. Recordar cada una de las veces que hemos repetido esas palabras, la seguridad de saber que mi vida es contigo, saberlo hasta las lagrimas, no por calamidad, porque también se llora por ternura y porqué no, por felicidad.

No olvidar los planes de una vida para el futuro, los domingos de películas y series, recordar que mi amor por ti es más grande que el universo, frase que vino a mi después de doscientos capítulos de las colegialas que reguardan los planetas, y que revelaron la verdad de mi sentir por ti.

Acordarme del abrazo luego del hurto, de tus palabras luego de la mudanza, acordarme de los besos y de ese rincón bajo en que nos despedimos ante miradas ajenas, extrañadas por este amor, que en la promesa del rencuentro se vuelve un hasta luego casi desesperado, por el ansia de volver a sentir tus brazos.

Recordar la timidez de que siento al inicio de las presentaciones, la risa desenfadada y esas frases curiosas que no repetiré aquí por que únicamente nos pertenecen a nosotros.

Acordarme de bañar al perro una vez al mes y cepillarlo una vez a la semana, darte los buenos días casi siempre a las diez de la mañana, de preocuparme por ti cada que Uranus se encapricha en hacer temblar la tierra y nunca irme a dormir sin preguntar ¿qué tal tu día? y darte las buenas noches.

Quiero olvidar el olvido, tener presente cada momento a tu lado, decirte un te amo todos los días y saber que quiero sí, quiero casarme contigo.

No, ya se que el tiempo no es la medida para este amor, porque nunca será suficiente para estar a tu lado, pero es el tiempo a tu lado el más hermoso que he tenido, y que tendré, porque aunque me resulta paradójica la impresión de la medida, se que cada instante construido contigo ha dejado honda huella, indeleble en el recuerdo.

Eres tú, el amor de mi vida, el amor de mis amores, la luz de la esperanza y los más hermoso de mi vida.

 

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TE AMO.

martes, 11 de septiembre de 2012

Análisis

 

Los lugares comunes son para aquellos que escribimos un espasmo del cual queremos librarnos a toda costa, sin embargo hay frases que debido a la ineludible verdad con la que se enuncian es imposible modificarlas en do de salvar líneas, que en mi caso, están condenadas al fracaso desde el inicio.

No hay día que no llegue, ni plazo que no se cumpla. Así, de ser el analista paso a ser el analizado, ha llegado el momento de enfrentarse de nueva cuenta con aquél quien es el más grande de mis enemigos, yo mismo, y la ruptura que hago hacia mis adentros, la verdadera reconciliación con el afuera y la comunión con él, que me acompaña en el camino. La palabra... cura, pues es a través del lenguaje y de la verbalización del discurso como se llega a los más profundos e insondables laberintos de nuestra existencia, aquello que sin darnos cuenta venimos arrastrando y de lo que incluso, somos inocentes, si existe algo como eso.

¿Será cierta esa máxima del análisis?, ¿aquella que reza que nada es casualidad, pues todo es susceptible de interpretarse, aunque no toda interpretación es válida en sí misma? Lo es. Al plantearme escribir estas líneas no podía dejar de lado el hecho que desde hace meses mi visión iba haciéndose cada vez más barrosa hasta el punto de darme cuenta que al fin lo había conseguido, había que conseguir ojos nuevos; recuerdo como un deseo de mi infancia las ganas de utilizar lentes, tenía la ingenua idea de que quizá con esos extraños artilugios que utilizaban algunos de mis compañeros de clase, las cosas se veían de modo diferente, ahora comprendo que aquella idea no era otra cosa sino el deseo por que las cosas cambiarán, hoy en más de un sentido tengo la seguridad que nada es ni podrá ser igual.

No se trata sólo del hecho que ya no soy el infante de aquellos días, ni que algunos de los rostros que ahora me acompañen sean distintos, eso sería lo evidente y yo no me conformo con la simpleza de la obviedad, lo profundo, lo importante, es que yo mismo no me siento de la misma forma, hay hechos que ya no tienen vuelta hacia atrás y son esas mismas cosas las que han venido a hacer cambios tan fuertes que quizá habría quienes ni podrían reconocerme, aunque mi cuerpo siga siendo el mismo saco de carne, aunque bien se que incluso, el cuerpo cambia.

Entenderse con el espejo resulta más complicado de lo que habría de suponer, ya sabía la importancia de llegar a desentrañar los hilos de las Parcas, la posibilidad de descubrir y pensar -como lo dijo el analista, aunque no terminen por convencerme sus ejemplos simplones- no desde la creencia común sino a partir de la convergencia de esas ideas que sé, siempre han estado ahí, algunas de ellas viejas conocidas y otras emergiendo, luchando por al fin salir a conocer la luz de la verdad, a pesar de los esfuerzos por mantenerlas al margen de la realidad, pero no por ello estáticas, pues su fuerza es quizá aún más poderosa de lo que me gustaría reconocer y es a partir de ellas que debo reinterpretarme nuevamente, porque al final el análisis no se limita a poner de manifiesto lo oculto, hacer consiente lo inconsciente, sino a elaborarlo, o en palabras de prestidigitador del psicoanálisis, lograr al fin encontrarles un nuevo significado.

Lo increíble del caso es la vuelta a los espirales, hoy tengo en claro que aquella idea que surgió desde mucho antes de mi enfrentamiento con el diván, tiene en realidad un simbolismo mucho más profundo del que a simple vista puedo atribuirle, pues se trata de algo mucho más que una simple imagen literaria, caprichosa ocurrencia que en mi afán de sustituir el análisis a través de líneas como estas, llego a mí como un impulso, para intentar comprender algo que definitivamente venia emergiendo desde aquel insondable mar de lo inconsciente; porque aunque mucho tiempo este espacio sirvió como contención y válvula de escape, lo cierto es que pocas veces devolvió la retroalimentación necesaria, pues hoy más que nunca - a pesar de ya saberlo - se que el autoanálisis no funciona, resulta un ejercicio estéril que sólo satisface la sospecha de lo que ocurre en esa profundidad que de turbia, genera espanto y temor.

Temor justificado, porque este devenir estimula cómo ya lo dije y lo repito, la cosquilla de la duda y la sospecha:

Dudar.
Dudar de mi mismo.

Dudar incluso de la duda de mi mismo.

Dudar de todo. Dudar incluso, de la duda de todo”.

Son los versos de algún poeta que en cierta ocasión descubrí casi por equivocación hace algunos años,  que hoy resuenan como el eco de un ayer que se confabula con él presente a fuerza de recordarlo, no desde la ingenuidad de la repetición absurda, sino desde el deseo de cambiar, no lo ocurrido que es humo, sino lo que deseo que pueda ser, no como posibilidad, sino sólo como es, en la suficiencia del ser mismo.

Curiosamente al intentar terminar estas líneas me descubrí de pronto volviendo sobre mis pasos, es decir, sobre todas esas palabras que se quedaron a medio escribir, archivos que al abrir esperan entre la desesperación del parpadeo del puntero, a que al fin me decida a ponerles el punto final, pero no, no he de volver sobre ellas, así han de quedarse, porque retomarlas sería volver a lo mismo, a eso que ya no estoy dispuesto, sería dejarme arrastrar de nuevo por el desbarrancadero de la incertidumbre, dónde por única respuesta sólo encontraré más incertidumbre. Hoy quiero escribir nuevas historias, darle la vuelta a la vacuidad de añoranza y reconciliarme con la plenitud, con lo que tengo, qué es sin dudar, lo mejor que he tenido y que tendré, más allá de la emoción del efectismo, con la certeza del saber mismo, ese que no requiere de explicaciones ni miramientos, aquel que no necesita de explicaciones, porque la realidad de su certeza es al mismo tiempo su mejor evidencia.

Sí, ya sé que nos descubrimos en los otros, sé también que en ocasiones a pesar de nuestros esfuerzos terminamos al fin por caer en lo mismo -en los espirales- llevando a cuestas los lastres de lo que no tuvimos, de la falta, pero también, el de los excesos; sé también que la ignorancia se confunde con felicidad, que la verdad escondida en la jarra de Pandora, en apariencia, más que ayudar puede confundirnos, porque nos obliga a ser sinceros, así como la imagen sin parpado y siempre fija, que es la esencia del espejo.

Estas líneas hablan de mí, hablan de una madre y un padre que dieron sin apenas dar, hablan de da la competencia y del abandono, hablan de la violencia y la búsqueda de lo que no llego e invente, hablan de las perdidas y las ganancias secundarias, hablan del síntoma y la negación, hablan del deseo y la frustración del mismo, hablan de lo que fui, de lo que soy, pero también de lo que intento ser, hablan también del encuentro inesperado, esa luz de la esperanza que moviliza, hablan también de la reconciliación, del “ ya no quiero eso” y lo que haré para evitarlo, hablan de ese: “me parece qué” que me asusta pero me lleva a descubrir, hablan de los compañeros de viaje que se marcharon, algunos para no volver, pero también de los que se quedaron, habla de ellos, hablan de ti, hablan de nosotros, hablan de mí que soy la suma de esto y más, hablan del futuro, y de aquellos que vienen a mí para hablarme de ellos, hablan del niño olvidado, el adolecente que fui, y mi presente, hablan del análisis sus estragos y su re-significación. Hablan de Ignacio versus Ignatius, hablan de: uno más que muerde el polvo.

Hablan pues, de escupir las cadenas.